La paradoja es que las grasas Omega 6 han sido promovidas de forma indiscriminada como “grasas benéficas para el corazón”. Muchas instituciones de salud, bien intencionadas, tratan de vender aceites benéficos para el corazón (incluyendo aceite de maíz, aceite de soya y margarina) para bajar los niveles de colesterol en la sangre y disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas. Los consumidores fueron (y son) alentados a reemplazar en sus dietas las grasas saturadas que producen coágulos en las arterias por aceites poliinsaturados benéficos para el corazón que están constituidos principalmente por grasas omega 6.
Sin quererlo, este consejo de salud hace que las personas coman más de las grasas que actúan en contra de las Omega 3. Los así llamados aceites benéficos omega 6 desplazaron otras grasas en la dieta de la gente. Los estantes de las tiendas rebosan (todavía lo hacen) con alimentos que contienen aceites “benéficos para el corazón” . Pero resulta que la idea de consumir grasas poliinsaturadas para prevenir enfermedades cardíacas se basa sobre un panorama incompleto, estudios recientes han demostrado lo contrario.
Los países, incluso Israel, adoptando el consumo de alimentos benéficos para el corazón al ingerir más grasas poliinsaturadas (grasas omega 6).
Israel se destaca porque ostenta uno de los promedios mundiales más altos en consumo de grasas Omega 6. Pero con el incremento de las grasas Omega 6 vino un aumento en enfermedades occidentales como el cancér y la diabetes.
Los investigadores usaron el término sindrome de grasas omega 6 para describir la causa de enfermedades crónicas que plagarón un inusual grupo de personas saludables en Okinawa , una región Japonesa. Los científicos descubrieron que los oriundos de Okinawa ingerían demasiadas grasas Omega 6 a expensas de las grasas omega 3 y este desequilibrio era la raíz de sus nuevas enfermedades crónicas.
Por tu salud,
Edú González Palomino
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